El coste emocional de los secretos

El otro día escuchaba en la radio una noticia que me llamó la atención. Hablaban de un estudio en el que se demostraba que guardar secretos puede causar malestar, repercutiendo incluso de forma negativa a nivel físico en las personas. Investigando por internet me encuentro con algunas publicaciones que lo confirman. Hablan de “un peso” que puede llegar a sentir quien porta determinada información que no revela. 

 

Esto no tiene por qué suceder, pero si sucede puede hacerlo de diversas formas teniendo en cuenta las circunstancias de cada cual. Seguro que todos los que lean este post pueden pensar en alguien en quien no confiarían para contar un secreto porque saben que esa persona es incapaz de mantenerlo como tal. Por otro lado podrán pensar en alguien de confianza en quien depositar el misterio. Todo ello nos puede hacer pensar que no todas las personas tienen la misma capacidad para mantener un secreto.

No me atrevo a decir que todos tenemos secretos, pero sí a que hay detalles, vivencias o información que nos hemos reservado y no hemos compartido con nadie. Y ¿eso es malo? No, definitivamente no. Todos tenemos derecho a una intimidad y a ser celosos de ella. Bien es cierto que hay casos en los que las personas no comparten aspectos de su vida por otros motivos, como miedo a la crítica o a no sentirse comprendidos, no saber expresar lo que les sucede, pensar que hablar les va a repercutir de forma negativa…También hay quien cree que compartir sus preocupaciones no le ayudará a reducirlas o encontrarse mejor, ¿tú que crees?

En grupos terapéuticos es frecuente ver la sorpresa de los miembro al descubrir que pensamientos o emociones que vivencian son compartidas por otros. Es habitual que nos pensemos que determinadas ideas o sensaciones son exclusivas en nosotros, pero por norma general nos equivocamos. 

El comprobar que lo que se nos pasa por la cabeza no es tan raro, que es incluso frecuente puede generar una sensación de alivio. Quien se atreve a hacer una revelación personal suele ser alabado por los demás al dar el paso. Y como digo, generalmente se siente uno más comprendido por los demás de lo que esperaba. Habrá excepciones, no lo neguemos.

También el hecho de desahogarse es muy beneficioso, a veces sin necesidad de hacer revelaciones. Quejarse, llorar, “despotricar” incluso, poner ideas en orden cuando se les pone voz, apoyarse en alguien… Todo ello es muy saludable hablando de lo emocional.

La mayoría de las veces elegimos alguien de confianza para desahogarnos y contar las preocupaciones que tenemos. Sin embargo otras veces es más sencillo hablar con alguien más alejado de nuestro círculo más próximo. Un ejemplo es el famoso teléfono de la esperanza, que ya tiene sus versiones más modernas por internet y que son utilizadas frecuentemente. Desde Domínguez Psicólogos te animamos a expresarte y compartir tus vivencias. Si te decides a hacerlo con un profesional no dudes en ponerte en contacto con nosotros.

Cristina de la Rosa Tineo

Psicóloga. Psicodramatista

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