El psicólogo y la enfermedad de Alzheimer

Nuestra sociedad tiende al envejecimiento. El aumento de la esperanza de vida es un fenómeno que se viene apreciando de manera prácticamente continua desde 1990 y que se espera que aumente en décadas futuras y con ello, todas las patologías relacionadas con el envejecimiento.

 


Entre las patologías ligadas al proceso de envejecimiento, que es más frecuente según aumenta la edad, se encuentra la Enfermedad de Alzheimer, que genera incapacidad, paulatina o no, tanto a nivel físico como psicológico como social; lo que implica que, a medida que se va desarrollando el síndrome, vaya habiendo una creciente dependencia del enfermo respecto de la persona que le cuida. Dicha enfermedad por el momento no tiene curación.

Además de los fallos de memoria, y el síndrome formado por la afasia (pérdida de la  capacidad de producir o comprender el lenguaje), apraxia (pérdida de la capacidad de llevar a cabo movimientos de propósito, aprendidos y familiares, a pesar de tener la capacidad física y el deseo de realizarlos) y agnosia (interrupción en la capacidad para reconocer estímulos previamente aprendidos, o de aprender nuevos estímulos, sin haber deficiencia en la percepción, lenguaje o intelecto); la Enfermedad de Alzheimer conlleva una alteración de la ejecución. Este déficit está relacionado con un daño en los lóbulos frontales, que se traduce en el deterioro en la ejecución de tareas que requieran planificación, organización, secuenciación o abstracción (las llamadas funciones ejecutivas). También se producen cambios a nivel afectivo, es muy frecuente que en los momentos iniciales de la enfermedad, el enfermo muestre trastornos del estado de ánimo y un cierto grado de alteración de su personalidad premórbida (antes de la enfermedad) siendo con relativa frecuencia confundido el diagnóstico con el de depresión.

¿Cuáles son las posibilidades de intervención desde la Psicología en la Enfermedad de Alzheimer?

El enfermo de Alzheimer, pese a la heterogeneidad de la enfermedad, posee unas características comunes como son las que conducen a una involución funcional.

El conocimiento de la sintomatología es de gran importancia a la hora de diseñar los planes de intervención a través de los programas de psicoestimulación, una de las posibles herramientas de trabajo con el enfermo de Alzheimer desde la Psicología.

Aunque la psicoestimulación es una de las actividades más conocidas entre los cuidadores de los enfermos de Alzheimer y con mayor reconocimiento social, no es la única.

Esta enfermedad, por su característica de cronicidad y de progresivo deterioro, provoca una dependencia del enfermo para cualquier actividad de la vida cotidiana, sobre todo al final de la enfermedad. Esta dependencia hace que aparezca la figura del cuidador principal.

El cuidador principal, es la persona que asumirá la difícil tarea del cuidado del enfermo, muchas veces la mayor parte del tiempo, de manera casi en exclusiva  hasta que finalice la enfermedad. Lo que El psicologo y la enfermedad de Alzheimerpuede llevar a situaciones de aislamiento social para el cuidador y de afrontamiento de situaciones, para las que no se está formado ni preparado, y que pueden ser continuas fuentes de estrés.

El trabajo en la Enfermedad de Alzheimer desde la Psicología, abarcaría al propio enfermo y a su cuidador principal.

En próximos posts se abordarán las posibles vías de intervención del psicólogo en el ámbito de esta enfermedad.

Marta Llavona Serrano

Neuropsicóloga. Especialista en atención temprana y la tercera edad

www.dominguezpsicologosmadrid.com