¿Qué camino eliges en tu vida?

Vivimos en una sociedad que cada vez prioriza más la búsqueda de felicidad y de satisfacción personal. No obstante, hay algo que sigue fallando cuando hay personas de mediana edad que acuden a consulta con sentimientos de insatisfacción a pesar de tener todo lo que la sociedad considera importante para la felicidad personal (salud, dinero, amigos, etc.).

 


El primer error que cometemos es que queremos todo de forma rápida, sin demasiado esfuerzo y con un refuerzo inmediato. De lo contrario, nos frustramos y abandonamos. Nos han acostumbrado a obtener las cosas de esta forma. Un ejemplo de ello serían las dietas milagro: “Transforme su cuerpo en tan sólo una semana”.

Otro error frecuente es dar por hecho que todos vamos a ser felices con los objetivos que la sociedad nos marca para serlo. Puede que, desde que eras pequeño, hayas recibido el mensaje de que serás muy feliz cuando formes una familia, pero quizás sea para ti un deseo condicionado, es decir, algo que realmente no va con tus preferencias vitales, pero que ya has interiorizado como objetivo a cumplir.

Partiendo de estos dos errores, en primer lugar deberíamos hacer una reflexión acerca de cuáles son las áreas de nuestra vida sobre las que tenemos preferencia y nos gustaría trabajar.

Una vez identificadas, tendríamos que marcarnos un camino, no un fin. Esto significa que en cada área vamos a identificar grandes objetivos que van a indicar el punto cardinal al que nos dirigimos, pero lo realmente importante será el camino, que consistirá en las pequeñas acciones que puedas ir realizando día a día para comenzar a andar en esa dirección. Estas acciones son las que te harán ser consistente con lo que quieres hacer en tu vida y son las que realmente te aportarán felicidad. Por ejemplo, pensemos que mi objetivo o punto cardinal es encontrarme bien físicamente. En ese caso, pensaré cuáles son los pasos que puedo empezar a dar hoy mismo. Por ejemplo, llamar a un gimnasio e informarme y recompensarme por haber llevadocaminos a elegir a cabo esa pequeña acción que he realizado, en lugar de pensar en todo proceso y la cantidad de esfuerzo que tengo que hacer cuando me visualizo en buena forma física. Hay que plantearse cada día como una forma de ser consistentes con lo que queremos a largo plazo, para ello tendremos que marcarnos una serie de metas asequibles y valorarnos por lo que hagamos ese día, sin importar lo que hayamos hecho o vayamos a hacer en el futuro.

El secreto estaría en trabajar desde el “aquí y el ahora”, sin exigirnos más de lo que podamos dar. A veces es más importante empezar a caminar dando pequeños pasos, que plantearse grandes esfuerzos y no llegar a realizarlos.

Después de estos apuntes, invito al lector a que comience a dibujar su propio mapa vital, nunca es tarde para comenzar.

Ana López Aranda

Psicóloga especialista en atención a adultos

www.dominguezpsicologosmadrid.com