Quejas

La queja se refiere a la expresión de un dolor, un malestar o disconformidad. Es algo muy positivo verbalizar lo que nos pasa, entre otras cosas ayuda a una mejor regulación emocional. Quejarse puede ser un paso previo fundamental para cambiar algo, una situación con la que no se está conforme. En ocasiones usamos la queja con el fin de huir del conformismo y modificar situaciones.

Pero bien es cierto que quejarse tiene una connotación negativa, ¿quizá nos quejamos en vez de comunicar para cambiar? , ¿quizá porque abusamos de la queja?

Como en la cómica viñeta de Mafalda,  reclamamos el derecho a quejarnos, o lo ejercemos sin más. Pero, ¿para qué nos sirve?

Distinguiría dos tipos de quejas, la que comunica un malestar o desacuerdo. Un ejemplo frecuente en estos días es la relativa a la temperatura, ¡¡qué calor!! En principio no persigue lograr un cambio, simplemente se verbaliza algo que se siente. Puede ser una forma de entablar conversación o de conectar con otros, ya que se comunica buscando algo en común, en este caso el molesto calor. Puede que esa misma queja sí persiga una acción, un cambio por parte de alguien. Pongamos que hace mucho calor y se está en la casa de alguien. Se puede hacer el comentario en forma de queja para que la persona ponga el aire acondicionado. Este sería el otro tipo de queja, con la que se busca que haya un movimiento por parte de alguien, sería una queja más reivindicativa. Si alguien se cuela en una larga cola es posible que alguna de las personas le recuerde donde está situada la última persona de la fila.

Hasta aquí podría decirse que la queja es algo que usamos en nuestro beneficio, algo que nos ayuda a expresarnos, relacionarnos o defendernos, pero, ¿siempre la usamos correctamente? ¿Puede ser que en ocasiones usemos la queja en vez de una comunicación asertiva? Mi sensación es que en muchas ocasiones abusamos de la queja, lo que nos reporta consecuencias negativas.

Si nos quejamos con frecuencia el impacto en las personas de nuestro entorno será evidente. La queja en

exceso puede saturar y generar malestar al otro, al igual que a nosotros mismos. El lenguaje tiene mucha importancia, y si tendemos a lo adverso en nuestras palabras fácilmente afectará a nuestros pensamientos y emociones. Tendemos a que haya un equilibrio entre lo que hacemos, las cogniciones y las emociones: se relacionan entre ellas.

Otro de los peligros de la queja es el riesgo de tender al inmovilismo. Si únicamente nos quejamos cuando algo no nos gusta, si no pasamos a la acción y nos acomodamos en la queja no habrá cambios. La queja normalmente está dirigida a alguien o hacia algo. Los psicólogos hablamos de locus de control externo cuando  hacemos responsable a factores externos de nuestros males. Quizá nuestro malestar depende de alguien o de algo externo a nosotros, pero es bueno tener presente que en nuestro poder están los cambios propios, no los externos. Podemos decidir cómo afrontar las dificultades o cómo vivirlas.

Cristina de la Rosa Tineo

Psicóloga. Psicodramatista

www.dominguezpsicologosmadrid.com