S.O.S No puedo parar de comer: la alimentación emocional, qué es y cómo se trata

Muchas personas cuando experimentan momentos emocionales negativos, como pueden ser una ruptura, un disgusto o un estado de nerviosismo, recurren de forma automática a la ingesta de comida sin control. Cuando esto sucede hablamos de alimentación emocional, que se refiere a los comportamientos alimenticios que no están provocados por una demanda biológica sino por un estado de ánimo concreto.

 

 

En consulta me he encontrado con personas que quieren perder peso y han intentado multitud de dietas que han tenido un resultado fallido. Estos pacientes achacan el fracaso a su falta de voluntad y muestran grandes sentimientos de culpabilidad. En realidad, el problema es mucho más profundo. Cuando algo no va bien recurren a la comida como una forma de llenar el vacío o aliviar el malestar emocional que experimentan en el momento del atracón.

La alimentación emocional suele ir acompañada de baja autoestima y de un sentimiento de incapacidad para resolver los propios problemas.

La trampa que ejerce la comida es que a corto plazo existe una gratificación porque alivia el malestar de la persona, convirtiéndose en un refuerzo inmediato. El problema comienza cuando el individuo es consciente del descontrol, sintiendo una gran culpa que empeora el estado emocional previo, de modo que la persona se ve involucrada en un círculo vicioso del que no puede salir.

La labor del psicólogo es fundamental en estos casos y el tratamiento que se lleva a cabo desde una perspectiva cognitivo-conductual es el siguiente:

  • Reeducación alimenticia. Se repasan los hábitos alimenticios para estructurar las comidas y elaborar un patrón adecuado. Se enseñan estrategias para seguir una secuencia normalizada controlando ciertos parámetros, como pueden ser el tiempo de ingesta (masticar despacio, comer en un mínimo de 20 minutos, etc.), así como aprender a diferenciar las sensaciones de hambre y saciedad del malestar emocional.

  •  Modificación del estado de ánimo. Se hace una intervención global para mejorar el estado anímico, que puede ir desde la identificación y modificación de los pensamientos negativos al refuerzo de la autoestima. Hay que adaptar la intervención al problema específico que tiene cada paciente, siendo el objetivo final saber gestionar y reducir el malestar emocional que está provocando la alimentación.
  • Entrenamiento en solución de problemas. Se trata de una técnica cuyo objetivo es que el paciente tenga la capacidad de generar alternativas y tomar decisiones acerca de sus propios problemas, de manera que no tenga que recurrir a la comida para aliviar la ansiedad que siente ante ellos. El psicólogo se encarga de que la persona pase de una posición de indefensión a una actitud proactiva ante las adversidades.

Si tienes más dudas sobre cómo solucionar tus problemas de alimentación no dejes de consultar con Tu psicólogo de confianza.

Ana López Aranda

Psicóloga especialista en atención a adultos y parejas

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