Sexting: una amenaza para nuestros menores

En los últimos años los móviles se han convertido en uno de los vehículos más importantes de interacción social entre nuestros adolecentes. Su uso puede conllevar algunas ventajas, pero si no se utilizan con criterio y sentido común les pueden meter en más de un apuro.

 

En este artículo voy a hablar del sexting, una práctica que se basa en el envío de imágenes y/o vídeos de contenido sexual. Dicho contenido se elabora voluntariamente y se envía a otras personas por diversión, como estrategia para ligar o como regalo para la pareja. El problema de hacer sexting es que el protagonista de las imágenes se convierte en víctima cuando esas imágenes acaban en manos de alguien que quiere causar daño. Así, el adolescente puede sufrir cyberbullying, siendo objeto de burlas y de acoso a su intimidad.

A este fenómeno se suma la sextorsión, que consiste en chantajear al adolescente amenazándole con la publicación de las imágenes comprometidas. A cambio, se pueden pedir más imágenes e incluso favores sexuales. Algunos adultos son conscientes de la vulnerabilidad de los menores y tratan de ganarse su confianza para conseguir imágenes o favores sexuales. A esta forma de atraer y engañar a los adolescentes con fines sexuales se le denomina grooming.

Obviamente, cuando el adolescente practica sexting no piensa en las consecuencias a largo plazo y aunque alguna vez haya oído hablar sobre sus peligros, suele sentirse invulnerable. Es posible que viva el sexting con naturalidad

porque sus amigos o su pareja lo hacen. Puede suceder que el menor lo haga por falta de habilidades sociales y su incapacidad para decir que no ante las peticiones de sus iguales. Por ello, es muy importante que los padres estén informados sobre las nuevas amenazas que conlleva la tecnología, que pongan límites y sobre todo que eduquen a sus hijos en el momento en el que empiecen a tener acceso a móviles y redes sociales. Cuánto antes empiece su educación será más fácil que los niños sepan poner límites a la exposición de su intimidad.

Desde que nuestros hijos son pequeños, debemos enseñarles el concepto de privacidad y el valor de nuestra información personal e intimidad. A su vez, nos tienen que ver cercanos y abiertos a la comunicación sin que sientan que los juzgamos. Así, si se ven sometidos a cualquiera de los fenómenos que he descrito anteriormente, podrán acudir a los adultos solicitando ayuda.

Como padres, no sólo debemos fomentar la auto-protección , sino que hemos de educarles para que no sean cómplices reenviando imágenes de otros menores cuando las reciban.

Si percibes que tu hijo puede estar sufriendo alguno de los problemas que se han descrito en este artículo, pero no sabes cómo solucionarlo, no dejes de consultar a Tu psicólogo de confianza.

Ana López Aranda

Psicóloga especialista en atención a adultos y parejas.

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