La función de las emociones negativas

Hoy me dispongo a hablaros de las emociones. Todo el mundo cree saber qué es una emoción hasta el momento en el que se le pide que la defina, ahí la cosa se pone más difícil. Según la RAE la emoción es la alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa, que va acompañada de cierta conmoción somática. Esta definición nos puede aclarar un poco el tema, pero seguiremos ahondando en la materia:

 

¿Qué son las emociones negativas?

Si le pidiera a un niño o a un adulto, que me dijera alguna emoción o sentimiento positivo, posiblemente me contestarían que la alegría o la felicidad y si repitiese la misma pregunta pero con alguna emoción negativa, quizá me dirían que la tristeza, la rabia, el miedo…

Pero, ¿son realmente emociones “negativas”?

Un día trabajando las emociones con un paciente, estaba rellenando su libro de las emociones: – A veces estoy contento y eso es bueno.- Hasta ahí todo bien, pero en el siguiente apartado ponía: – a veces estoy triste, y eso es bueno.- Se quedó pensativo y me preguntó: -¿pero cómo va a ser bueno sentirse triste o con miedo?- Y vosotros, ¿qué le responderíais?

Los sentimientos se califican como positivos o negativos, cuando en realidad no son ni buenos, ni malos. En vez de esta división, deberían ser considerados como adaptativos o desadaptativos, adecuados o inadecuados, dependiendo del momento en el que aparecen, su intensidad y la manera en cómo nos afectan.

Cada emoción cumple una función y tan importante es la alegría como la tristeza. Las emociones, aún las “negativas” nos ayudan a relacionarnos y adaptarnos al mundo que nos rodea. Lo importante es aprender a manejarlas para que no nos controlen.

Por ejemplo el miedo ante una situación de peligro para la vida, sería ADAPTATIVO, pero el miedo a hablar en público, sería DESADAPTATIVO.

Un buen ejemplo, de la importancia de todas las emociones, se puede ver en la película “Del revés”, película que os recomiendo ver si aún no lo habéis hecho.

Funciones de las emociones

  • Son reflejo de lo que pasa en nuestro interior.
  • Guían una gran parte de nuestras conductas.
  • Nos dicen cómo evaluamos y juzgamos las distintas situaciones que vivimos.
  • Nos ayudan en la toma de decisiones, muchas veces nos dejamos guiar por nuestros sentimientos, en vez de por los pros y los contras. Las emociones, pues, tienen una función motivacional.
  • Facilitan nuestra adaptación al medio ambiente y nos ayudan a actuar de una forma adecuada. Preparan al organismo para ejecutar eficazmente la conducta exigida por las condiciones ambientales, movilizando la energía necesaria para ello, así como dirigiendo la conducta (acercándola o alejándola) hacia un objetivo determinado. Así por ejemplo, la ira nos muestra que algo nos está molestando y nos motiva a solucionarlo.
  • Nos ayudan a relacionarnos mejor. Puesto que una de las funciones de las emociones es facilitar la aparición de las conductas apropiadas, la expresión de las emociones permite a los demás predecir el comportamiento asociado con las mismas. Es decir tienen una función social, como por ejemplo: facilitar la interacción social, controlar la conducta de los demás, permitir la comunicación de los estados afectivos, o promover la conducta prosocial.

Después de leer este post, ¿qué le contestaríais al niño que preguntó sobre si era bueno sentirse triste o con miedo? Os animo a reflexionar sobre esta cuestión aprovechando el posible mayor tiempo libre de las vacaciones.

Marta Llavona Serrano

Neuropsicóloga y Especialista en Atención temprana y a la tercera edad

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