Cómo manejar la ira

La ira es una emoción básica que se caracteriza por tensión y hostilidad, entre cuyas fuentes de procedencia están la frustración y la injusticia percibida. Continúa leyendo este artículo y te mostraré cómo controlar esta emoción:

 

La problemática de la ira reside en el coste emocional que provoca para la persona que la padece, así como los conflictos interpersonales que genera.

Si queremos controlar esta emoción tendremos que estar atentos a varios factores:

  • Lo primero es ser consciente de cuáles son las situaciones que desencadenan la ira y aprender a reconocer los síntomas físicos que nos están avisando de que se avecina el descontrol. Por ejemplo, aumento de la frecuencia cardíaca, tensión muscular, calor, etc. Sólo podremos controlar estas situaciones si somos conscientes de estos síntomas en los primeros momentos de su aparición, ya que a partir de cierta intensidad es muy difícil controlarse. Una vez identificados los síntomas, una retirada conductual, como marcharse del lugar del conflicto o contar hasta diez, pueden ser de gran ayuda.
  • Aprende a identificar los pensamientos que hay detrás de la ira y cuestiona su validez. Cuidado con los “deberías” impuestos a los demás. Cada persona tenemos un código de actuación en el que se refleja lo que está bien hecho y lo que no. El problema es que muchas veces nuestras normas no encajan con las de otras personas, pero esperamos que actúen como nosotros queremos o creemos que sería lo correcto, si no lo hacen aparece la frustración. Trata de empatizar con el otro y entiende que tiene derecho a pensar o actuar de forma distinta a la tuya.

Cuidado con las interpretaciones acerca de las conductas de los demás. En ocasiones añadimos intencionalidad negativa a acciones que llevan a cabo otras personas, sin tener en cuenta un análisis objetivo de la situación. Por ejemplo, si yo sospecho que le caigo mal a una persona, cada acto que esa persona realice, lo interpretaré como un ataque y estaré distorsionando cada hecho que suceda.  Tomar distancia de estas situaciones y analizarlas desde fuera, poniéndote en el lugar de todos sus componentes, te ayudará a no ser traicionado por tus pensamientos.

  • Hay que desechar la creencia de que liberar la ira es positivo. Tendemos a creer que la gente que nos hiere o causa dolor debe ser castigada y de esta forma justificamos nuestro comportamiento. Exteriorizar la ira de forma inadecuada nos impide conseguir nuestros objetivos y destruye las relaciones con los demás, además del daño emocional que nos produce. Debemos tener una válvula de escape para que no lleguemos a perder el control, para ello no tenemos que esperar a “estallar” sino que podemos aplicar un lenguaje asertivo que exprese de forma menos dañina aquellas cosas que nos desagradan antes de que aparezca la ira.

Si tienes más dudas sobre cómo solucionar tus problemas de ira no dejes de consultar con Tu psicólogo de confianza.

Ana López Aranda

Psicóloga especialista en atención a adultos y parejas.

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