Impaciencia, un, dos…¡YA!

Una de las palabras que más se usa para hablar en la sociedad de hoy en día es  impaciencia, la inmediatez. La RAE la define como: “ intranquilidad producida por algo que molesta o que no acaba de llegar”. Obtenemos muchas cosas en un click. Conseguir que te lleven a casa algo que compras en menos de 24 horas es sencillo. Quizá uno de los problemas de nuestros días es el esperar que todo sea así, cuando en realidad la mayoría de las cosas no funcionan con un click.

 

De los niños de ahora se dice que no saben esperar, que se frustran con mucha facilidad. Supongo que compartiréis conmigo que no es solo cosa de niños, se comprueba fácilmente en un atasco. Tiene mucho que ver con esta tendencia a la inmediatez que vivimos y alimentamos.

Pararnos a pensar qué tan impacientes somos quizá nos ayude a serlo un poco menos. La impaciencia se relaciona con la impulsividad, y ésta no es la vía adecuada para hacer las cosas. Puede producir ansiedad, malestar emocional por la tensión acumulada. Esto afecta al bienestar psicológico y por tanto repercute en nuestras relaciones. Con relaciones me refiero a las personales y también a otros ámbitos, laboral por ejemplo.

El Carpe Diem, puede sonar a tópico pero, ¿no creéis que lo deberíamos tener más presente? Tendemos a centrarnos en las cosas que aún no han pasado en vez de en las que pasan. Los niños quieren ser mayores, los mayores también quieren que los niños se hagan grandes, pensamos en el próximo fin de semana, en el verano, en la jubilación… Es evidente que esperamos que pasen determinadas cosas con ilusión y motivación, es algo muy bueno, pero sin olvidarnos del corto plazo.

Nuestro ritmo y el ritmo de los demás, de las cosas, no tiene por qué coincidir y por qué ser el que esperamos o deseamos.  No tenerlo presente puede generarnos mucha frustración, nuestra expectativa no se cumple. Ser conscientes de que las cosas llevan su tiempo, que los procesos, del tipo que sean, necesitan días, semanas o incluso meses. Estar abierto, ser empático es necesario para comprenderlo. Dejar a un lado ideas preconcebidas o poco ajustadas a la realidad y aprender a esperar es clave para reducir la impaciencia.

Que la tendencia social sea de una manera no significa que nos tengamos que resignar a seguirla. Nos afectará, claro, pero podemos trabajar y esforzarnos para que no nos perjudique en nuestro día a día. No dudes en consultar con Tu psicólogo de confianza si estás dispuesto a replantearte como te manejas con tu impaciencia.

Cristina de la Rosa Tineo

Psicóloga. Psicodramatista

www.dominguezpsicologosmadrid.com